Aspecto político de la guerra
La guerra
no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político,
una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con
otros medios".
La guerra
no es sino la continuación de las transacciones políticas, llevando consigo
la mezcla de otros medios. Decimos la mezcla de otros medios, para indicar
que este comercio político no termina por la intervención de la guerra"
Los tres aspectos de la guerra
La guerra
en relación a sus tendencias dominantes constituye una maravillosa trinidad,
compuesta del poder primordial de sus elementos, del odio y la enemistad que
pueden mirarse como un ciego impulso de la naturaleza; de la caprichosa
influencia de la probabilidad y del azar, que la convierten en una libre
actividad del alma ; y de la subordinada naturaleza de un instrumento
político, por la que recae puramente en el campo del raciocinio"
El primero
de estos aspectos es más bien propio de los pueblos ; el segundo de los
generales y sus Ejércitos ; y el tercero, de los gobiernos.
Estas tres
tendencias tienen su raíz en la íntima naturaleza de las cosas, y son,
además, de variable magnitud. La teoría que descuidara de una de ellas, o
que las quisiera ligar por arbitrarias relaciones, se pondría
instantáneamente en tal oposición con la realidad, que tal causa bastaría
para anularla.
El problema
consiste en mantener la teoría gravitando entre estas tres tendencias como
entre tres polos de atracción.
Destrucción del enemigo
Al hablar
de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a
limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que, por el
contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales, pues
que ambas se penetran hasta en sus más pequeñas partes, y por tanto, son en
absoluto inseparables.
Al hablar
de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a
limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el
contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales.
Las Fuerzas
Militares deben ser anuladas, esto es puestas en tal estado que no puedan
continuar la lucha. Haremos notar aquí que con la expresión "aniquilamiento
de los medios de combate enemigos" nos referimos a la idea expuesta."
La Victoria
La victoria
- finalidad del combate - es entonces consecuencia de la capitulación moral
del enemigo y será el resultado de :
1° El incremento de la pérdida física del adversario. [mediante el
combate]
2° El incremento de la pérdida moral. [como resultado del combate]
3° La confesión pública de estas desventajas, manifestado por el abandono
del primitivo proyecto. [la capitulación o derrota]
La incertidumbre
La
incertidumbre
es la dificultad de ver claramente, constituye una de las más potentes
fricciones en la guerra y hace que las cosas aparezcan con visos distintos a
lo que habíamos imaginado.
Generalmente nos inclinamos más a creer lo malo que lo bueno, a exagerarlo
sin visible causa.
El azar
hace que en la guerra aparezcan sin cesar las cosas de manera distinta a
como se las esperaba.
La fricción
La máquina
militar, el ejército y cuanto a el pertenezcan es en el fondo bien sencillo,
y parece, por lo tanto, fácil de manejar. Mas reflexionando se ve que
ninguna de sus partes está compuesta de una sola pieza; que todas están
compuestas de individuos, cada uno de los cuales conserva en todas partes su
propia fricción.
Objetivo político de la guerra
Tan pronto
como el despliegue de fuerzas que exija, sea tan grande que no se encuentre
equilibrado con la importancia del fin político, debe abandonarse éste y
seguir la paz.
El mismo
fin político como motivo originario de la guerra nos dará la medida así para
el resultado que pretende alcanzarse por medio del acto guerrero, como para
los esfuerzos que deben realizarse.
Pero el
Objetivo Político no es un tirano, debe adaptarse a la naturaleza de los
medios, y por ello puede ser alterado con frecuencia, más siempre debe
atenderse a el preferentemente.
Ya que los
primeros propósitos políticos varían mucho en el curso de la guerra y al
final pueden ser completamente distintos, justamente por que están
determinados por los resultados y por la probabilidad de los
acontecimientos.
Cierto que
en muchos casos pudieran ser éstas (las fuerzas morales y las pasiones de
los combatientes) excitadas en forma tal que sólo con trabajo pudiera
apartárselas del camino político.
De aquí se
desprende cuán desacertados estaríamos en considerar la guerra de los
civilizados como la ejecución de un acto meramente racional de los
gobiernos, y cada vez más desprovisto de todo apasionamiento, tal que
finalmente no serían necesarias las fuerzas físicas, sino sólo sus
relaciones: una especie de álgebra de la acción.
La defensiva
¿Cual es la
idea fundamental de la defensa ? Es la de parar un golpe. ¿Por qué señal se
distingue ? Se distingue porque en ella se espera el golpe que se debe
parar.
Una guerra
en la cual las victorias solamente sirven para parar los golpes y donde no
hay ninguna intención de devolverlos, sería tan absurda como una batalla en
la cual la defensa más absoluta (la pasividad) prevaleciese en todas las
partes y de todas maneras.
Pero para
que el que se defiende haga también la guerra, debe asestar golpes, es decir
dedicarse a la ofensiva. Así la guerra defensiva comprende actos ofensivos
que forman parte de una defensiva de un orden más o menos elevado.
Contraataque
Un rápido y
vigoroso cambio hacia la ofensiva - el relámpago de la espada vengadora - es
lo que constituye los más brillantes episodios de la defensa.
La
defensiva no es más que una forma ventajosa de guerra, por medio de la cual
se desea procurar la victoria para poder, con ayuda de la preponderancia
adquirida, pasar al ataque, es decir a un objeto positivo.
El acto de
ofensiva consiste siempre en la guerra, y sobre todo en la estrategia, en
una alternativa y una combinación continua del ataque y la defensa.
En el
denominado punto culminante, un rápido y vigoroso cambio hacia la ofensiva -
el relámpago de la espada vengadora - es lo que constituye los más
brillantes episodios de la defensa.
Cuando parar en la victoria
Según esto,
la preponderancia que se posee o adquiere en la guerra es un medio, no el
fin, y debe ser sacrificada a este último. Pero es preciso conocer el punto
que sirve de límite para no rebasarlo y recoger, en lugar de ventajas
nuevas, la vergüenza de un fracaso.
Táctica y estrategia
Se deduce
la existencia de dos acciones completamente distintas : la
disposición y conducción
de
estos combates y el
combinarlos entre si para el fin de la guerra.
La primera constituye la
Táctica,
a la segunda la llamamos
Estrategia.
Para llevar
a feliz término toda una guerra o cada una de sus actos más importantes, que
denominamos campañas, precisa un profundo criterio en altas razones de
Estado. Dirección de la guerra y política obran de consenso, y el general en
jefe se hace también estadista.
Es cierto
que la cuestión política no penetra profundamente en los detalles de la
guerra; no se colocan los centinelas, no se conducen las patrullas según las
consideraciones políticas. Pero la influencia del elemento político es tanto
mayor, cuando se hace el plan de toda la guerra, de la campaña y a menudo
también de una batalla.
Esto es
aplicable a los esfuerzos determinados en ambos Estados por el fin político
y el objetivo que el mismo confía a la acción guerrera. Algunas veces el
mismo fin político puede ser también ese objetivo; por ejemplo la conquista
de una provincia. Otras, (el fin político) no es apropiado para indicar el
objetivo de una acción guerrera, y en este caso debemos elegir un objetivo
que le sea equivalente y que pueda representarlo al hacerse la paz.
Cuanto más
importante y de mayor entidad sean los motivos de la guerra, cuanto más
afectan a los intereses vitales de los pueblos, con mayor empeño se tratará
de derribar al adversario, entonces tienden a confundirse objetivo guerrero
y fin político y la guerra aparece menos política y más puramente guerrera.
Centro de gravedad
Es
necesario no perder de vista jamás las relaciones predominantes de los
Estados beligerantes. Los intereses que con ellos se relacionan formarán un
centro de potencia y movimiento que arrastra todo lo demás. Es contra este
centro de gravedad
contra el que debe ser dirigido el choque colectivo de todas las
fuerzas.
No
obstante, distinguiremos aquí tres cosas, que como objetos generales
comprenden todo lo restante y que son :
las
fuerzas militares,
el país y la voluntad del enemigo.
Las
fuerzas
militares
enemigas deben ser anuladas, esto es puestas en tal estado que no puedan
continuar la lucha. El
país
debe ser conquistado, pues con el se podría formar nuevos elementos de
combate.
Conseguidos
estos dos extremos, la guerra, esto es la tensión hostil y la acción de
medios hostiles, no puede creerse hayan cesado mientras la
voluntad del enemigo
no
sea violentada, es decir, sometidos su Gobierno y aliados a firmar la paz o
subyugados los pueblos.
Así, cuando
se trata de un proyecto de guerra, el primer punto de vista tiene por objeto
investigar los centros de potencia del enemigo y reducirlos en lo posible a
uno solo.
Principios de los planes
Consiste en
reducir la potencia enemiga a un número lo más reducido posible, a uno si se
puede, y, en todos los casos reducir a un mínimo el número de choques contra
esos centros , y si es posible a uno solo.
Los
factores morales constituyen la cuestión más importante en la guerra, porque
los efectos de las fuerzas físicas están completamente fundidos con los
efectos de las fuerzas morales, y no pueden separarse.
Ahora, en
el combate, toda la actividad, pues tal supone su concepto, se encamina al
aniquilamiento del contrario, o mejor dicho, de
su capacidad de combatir; la destrucción de las fuerzas en combate es,
pues, siempre el medio para conseguir este fin del combate.
Conducción de los combates
Incurriríamos en gran equivocación si pretendiéramos sacar la consecuencia
de que la embestida ciega llevará siempre la victoria sobre la comedida
habilidad. La torpe acometida contribuiría a la destrucción de las fuerzas
propias y no de las contrarias; no podemos en modo alguno referirnos a ella.
Es claro
que un adversario vivo, valiente y resuelto, no nos dejará el tiempo para
ejecutar combinaciones laboriosas de efecto lejano; y sin embargo, sería
precisamente contra un tal adversario cuando tendríamos mayor necesidad de
ser sostenidos por el arte. Esto parece probar suficientemente la
superioridad de los resultados sencillos y directos sobre aquellos que
dependen de combinaciones complicadas.
Nosotros no
pensamos, pues, que el choque simple sea el mejor, sino que la ventaja de
las combinaciones debe restringirse según la seguridad que presenten.