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Reglas infalibles para seducir

 

 

El poder de tu mente

Descubra el potencial que está

oculto en su mente.

Idea de un príncipe político cristiano representado en cien empresas

Diego Saavedra Fajardo

 

 

 

 
¿Sabía que puede potenciar su mente simplemente escuchando un sonido?
 

    Posiblemente nació en Algezares (Murcia -España-), el 6 de Mayo de 1584. Estudia en el Seminario de San Fulgencio y en 1600 marcha a continuar sus estudios de Jurisprudencia y Cánones en Salamanca. En 1610 parte a Italia como diplomático para defender los intereses españoles. En 1640 publica su más famosa obra, la titulada «Idea de un príncipe político cristiano representada en cien Empresas». Se trata de un manual de educación de príncipes, en concreto dirigido al príncipe Baltasar Carlos aunque no figure así en la dedicatoria. Pero Saavedra Fajardo traza su libro didáctico basándose en el deseo de mostrar con los ojos lo que el espíritu no puede ver, por eso la obra está dividida en "empresas". De las "empresas" destacamos como más célebres los capítulos relacionados con: Educación, Conducta personal, Gobierno de los Estados, Victorias y Tratados de Paz y Vejez y muerte.

Cómo conocer e influir en las personas mediante el lenguaje corporal y otras técnicas igualmente efectivas

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Como conocer a las personas por su lenguaje corporal. Leonardo FerrariCómo conocer a las personas por su lenguaje corporal

Leonardo Ferrari

"Mas allá de las palabras, el cuerpo no miente".

 

¿No sería fantástico leer los pensamientos de los demás e influir en ellos? El lenguaje corporal delata completamente tus sentimientos o percepción acerca de la persona con la que está interactuando. Ahora puedes conocer los secretos de este lenguaje silencioso y que nunca miente.
 

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Educación del príncipe

Empresa 1

Desde la cuna da señas de sí el valor. Hinc labor et virtus

 

Nace el valor, no se adquiere. Calidad intrínseca es del alma, que se infunde con ella y obra luego. Aun el seno materno fue campo de batalla a dos hermanos valerosos. El más atrevido, si no pudo adelantar el cuerpo, rompió brioso las ligaduras, y adelantó el brazo, pensando ganar el mayorazgo. En la cuna se ejercita un espíritu grande. La suya coronó Hércules con la victoria de las culebras despedazadas. Desde allí le reconoció la envidia, y obedeció a su virtud la fortuna. Un corazón generoso en las primeras acciones de la naturaleza y del caso descubre su bizarría.

 

 

Empresa 2

Y puede el arte pintar como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia

 

Esta buena educación es más necesaria en los príncipes que en los demás, porque son instrumentos de la felicidad política y de la salud pública. En los demás es perjudicial a cada uno o a pocos la mala educación. En el príncipe, a él y a todos, porque a unos ofende con ella, y a otros con su ejemplo. Con la buena educación es el hombre una criatura celestial y divina, y sin ella el más feroz de todos los animales. ¿Qué será, pues, un príncipe mal educado, y armado con el poder? Los otros daños de la república suelen durar poco. Este lo que dura la vida del príncipe. Reconociendo esta importancia de la buena educación, Filipo, rey de Macedonia, escribió a Aristóteles (luego que le nació Alejandro) que no daba menos gracias a los dioses por el hijo nacido, cuanto por ser en tiempo que pudiese tener tal maestro.

 

 

Empresa 3

Fortaleciendo e ilustrando el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus

 

Con la asistencia de una mano delicada, solícita en los regalos del riego y en los reparos de las ofensas del sol y del viento, crece la rosa, y, suelto el nudo del botón, extiende por el aire la pompa de sus hojas. Hermosa flor, reina de las demás. Pero solamente lisonja de los ojos y tan achacosa, que peligra en su delicadez. El mismo sol que la vio nacer, la ve morir, sin más fruto que la ostentación de su belleza, dejando burlada la fatiga de muchos meses, y aun lastimada tal vez la misma mano que la crió, porque tan lasciva cultura no podía dejar de producir espinas. No sucede así al coral, nacido entre los trabajos, que tales son las aguas, y combatido de las olas y tempestades, porque en ellas hace más robusta su hermosura, la cual, endurecida después con el viento, queda a prueba de los elementos para ilustres y preciosos usos del hombre. Tales efectos, contrarios entre sí, nacen del nacimiento y crecimiento de este árbol y de aquella flor, por lo mórbido o duro en que se criaron. Y tales se ven en la educación de los príncipes, los cuales, si se crían entre los armiños y las delicias, que ni los visite el sol ni el viento, ni sientan otra aura que la de los perfumes, salen achacosos e inútiles para el gobierno, como al contrario robusto y hábil quien se entrega a las fatigas y trabajos.

 

Empresa 4

Y el ánimo con las ciencias. Non solum armis

 

Para mandar es menester ciencia; para obedecer basta una discreción natural y a veces la ignorancia sola. En la planta de un edificio trabaja el ingenio. En la fábrica, la mano. El mando es estudioso Y perspicaz. La obediencia, casi siempre ruda y ciega. Por naturaleza manda el que tiene mayor inteligencia. El otro, por sucesión, por elección o por la fuerza, en que tiene más parte el caso que la razón. Y así, se deben contar las ciencias entre los instrumentos políticos de reinar. A Justiniano le pareció que no solamente con armas, sino también con leyes había de estar ilustrada la majestad imperial, para saberse gobernar en la guerra y en la paz.

 

Cómo se ha de haber el príncipe en sus acciones

 

Empresa 7

Reconozca las cosas como son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones. Auget et minuit. [Affectibus crescunt, decrescunt]

 

Nacen con nosotros los afectos, y la razón llega después de muchos años, cuando ya los halla apoderados de la voluntad, que los reconoce por señores, llevada de una falsa apariencia de bien, hasta que la razón, cobrando fuerzas con el tiempo y la experiencia, reconoce su imperio, y se opone a la tiranía de nuestras inclinaciones y apetitos. En los príncipes tarda más este reconocimiento, porque con las delicias de los palacios son más robustos los afectos. Y, como las personas que les asisten aspiran al valimiento, y casi siempre entra la gracia por la voluntad, y no por la razón, todos se aplican a lisonjear y poner acechanzas a aquélla y deslumbrar a ésta. Conozca, pues, el príncipe estas artes, ármese contra sus afectos y contra los que se valen de ellas para gobernarle.

 

Empresa 8

Ni la ira se apodere de la razón. Prae oculis ira

 

Considerada anduvo la naturaleza con el unicornio. Entre los ojos le puso las armas de la ira. Bien es menester que se mire a dos luces esta pasión tan tirana de las acciones, tan señora de los movimientos del ánimo. Con la misma llama que levanta, se deslumbra. El tiempo solamente la diferencia de la locura. En la ira no es un hombre el mismo que antes, porque con ella sale de sí. No la ha menester la fortaleza para obrar, porque ésta es constante, aquélla varia; ésta sana, y aquélla enferma. No se vencen las batallas con la liviandad y ligereza de la ira. Ni es fortaleza la que se mueve sin razón. Ninguna enfermedad del ánimo más contra el decoro del príncipe que ésta, porque el airarse supone desacato u ofensa recibida; ninguna más opuesta a su oficio, porque ninguna turba más la serenidad del juicio, que tan claro le ha menester el que manda. El príncipe que se deja llevar de la ira, pone en la mano de quien le irrita las llaves de su corazón, y le da potestad sobre sí mismo. Si tuviera por ofensa que otro le descompusiese el manto real, tenga por reputación que ninguno le descomponga el ánimo. Fácilmente le descubrirían sus designios y prenderían su voluntad las acechanzas de un enojo.

 

Empresa 9

O le conmueva la envidia, que de sí misma se venga. Sui vindex

 

Con propio daño se atreve la envidia a las glorias y trofeos de Hércules. Sangrienta queda su boca cuando pone los dientes en las puntas de su clava. De sí misma se venga. Parecida es al hierro, que con la sangre que vierte se cubre de robín y se consume. Todos los vicios nacen de alguna apariencia de bien o delectación. Este, de un íntimo tormento y rencor del bien ajeno. A los demás les llega después el castigo. A éste, antes. Primero se ceba la envidia en las entrañas propias que en el honor del vecino. Sombra es de la virtud. Huya su luz quien la quisiere evitar. El sacar a los rayos del sol sus ojos el búho causa emulación y envidia a las demás aves. No le persiguieran, si se encerrara en el olvido y sombras de la noche. Con la igualdad no hay competencia. En creciendo la fortuna de uno, crece la envidia del otro. Semejante es a la cizaña que no acomete a las mieses bajas, sino a las altas cuando llevan fruto. Y así, desconózcase a la fama, a las dignidades y a los oficios el que se quisiere desconocer a la envidia. En la fortuna mediana son menores los peligros.

 

Cómo se ha de haber el príncipe en el gobierno de sus estados

 

Empresa 60

Advirtiendo el príncipe que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar

 

La saeta impelida del arco, o sube o baja, sin suspenderse en el aire, semejante al tiempo presente, tan imperceptible, que se puede dudar si antes dejó de ser que llegase; como los ángulos en el círculo, que pasa el agudo a ser obtuso sin tocar en el recto. El primer punto de la consistencia de la saeta lo es de su declinación. Lo que más sube, más cerca está de su caída. En llegando las cosas a su último estado, han de volver a bajar sin detenerse. En los cuerpos humanos lo notó Hipócrates, los cuales, en no pudiendo mejorarse, no pueden subsistir, y es fuerza que empeoren. Ninguna cosa permanente en la Naturaleza. Esas causas segundas de los cielos nunca paran, y así tampoco los efectos que imprimen en las cosas, a que Sócrates atribuyó las mudanzas de las repúblicas. No son las monarquías diferentes de los vivientes o vegetables. Nacen, viven y mueren como ellos, sin edad firme de consistencia. Y así, son naturales sus caídas. En no creciendo, descrecen. Nada interviene en la declinación de la mayor fortuna. El detenerla en empezando a caer es casi imposible. Más dificultoso es a la majestad de los reyes bajar del sumo grado al medio, que caer del medio al ínfimo. Pero no suben y caen con iguales pasos las monarquías, porque las mismas partes con que crecieron les son después de peso, el cual con mayor inclinación y velocidad baja, apeteciendo el sosiego del centro. En doce años levantó Alejandro su monarquía, y cayó en pocos, dividida en cuatro señoríos, y después en diversos.

 

Empresa 61

Reconozca sus cuerdas y procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant

 

Forma el arpa una perfecta aristocracia, compuesta del gobierno monárquico y democrático. Preside un entendimiento, gobiernan muchos dedos, y obedece un pueblo de cuerdas, todas templadas y todas conformes en la consonancia, no particular, sino común y pública, sin que las mayores discrepen de las menores. Semejante a la arpa es una república, en quien mel largo uso y experiencia dispuso los que habían de gobernar y obedecer, estableció las leyes, constituyó los magistrados, distinguió los oficios, señaló los estilos y perfeccionó en cada una de las naciones el orden de república más conforme y conveniente a la naturaleza de ellas. De donde resulta que con peligro se alteran estas disposiciones antiguas. Ya está formada en todas partes la arpa de los reinos y repúblicas, y colocadas en su lugar las cuerdas. Y, aunque parezca que alguna estaría mejor mudada, se ha de tener más fe de la prudencia y consideración de los predecesores, enseñados del largo uso y experiencia; porque los estilos del gobierno, aunque tengan inconvenientes, con menos daño se toleran que se renuevan. El príncipe prudente temple las cuerdas, así como están. Y no las mude, si ya el tiempo y los accidentes no las descompusieren tanto, que desdigan del fin con que fueron constituidas, como decimos en otra parte. Por lo cual es conveniente que el príncipe tenga muy conocida esta arpa del reino, la majestad que resulta dél, y la naturaleza, condición e ingenio del pueblo y del palacio, que son sus principales cuerdas, porque, como dice el rey don Alonso el Sabio en una ley de las Partidas: «Saber conozer los omes, es una de las cosas de que el rey más se debe trabajar; ca pues que con ellos ha de fazer todos sus fechos, menester es que los conozca bien». En esto consisten las principales artes de reinar.

 

Cómo se ha de haber el príncipe en los males internos y externos de sus estados

 

Empresa 73

Las sediciones se vencen con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt

 

Ocultas son las enfermedades de las repúblicas. No hay juzgarlas por su buena disposición, porque lasque parecen más robustas suelen enfermar y morir de repente, descubierta su enfermedad cuando menos se pensaba; bien así como los vapores de la tierra, los cuales no se ven hasta que de ellos están formadas las nubes. Por esto conviene mucho la atención del príncipe para curarlas en sus principios, no despreciando las causas por ligeras o remotas, ni los avisos, aunque más parezcan opuestos a la razón. ¿Quién podrá asegurarse de lo que tiene en su pecho la multitud? Cualquier accidente le conmueve, y cualquier sombra de servidumbre o mal gobierno le induce a tomar las armas y maquinar contra su príncipe. Nacen las sediciones de causas pequeñas y después se contiende por las mayores. Si se permiten los principios, no se pueden remediar los fines. Crecen los tumultos como los ríos. Primero son pequeños manantiales, después caudalosas corrientes. Por no mostrar flaqueza los suele dejar correr la imprudencia, y a poco trecho no los puede resistir la fuerza. Al empezar, o cobran miedo o atrevimiento. Estas consideraciones tuvieron suspenso a Tiberio cuando un esclavo se fingió Agripa, y empezó a solevar el imperio, dudando si le castigaría o dejaría que aquella ligera credulidad se desvaneciese con el mismo tiempo. Ya le parecía que nada se había de despreciar, ya que no todo se había de temer, y estaba suspenso entre la vergüenza y el miedo. Pero, al fin, se resolvió al remedio. Verdad es que algunas veces es tal el raudal de la multitud, que conviene aguardar a que en sí mismo se quiebre y resuelva, principalmente en las guerras civiles, cuyos principios rige el caso, y después los vence el consejo y la prudencia. La experiencia enseña muchos medios para sosegar las alteraciones y disensiones de los reinos. El caso también los ofrece, y la misma inclinación del tumulto los enseña, como sucedió a Druso cuando, viendo a las legiones arrepentidas de su motín, por haber tenido a mal agüero un eclipse de la luna que se ofreció entonces, se valió dél para quietarlas, como hizo en otra ocasión Hernán Cortés. No se desechen estos medios por leves, porque el pueblo con la misma ligereza que se alborota, se aquieta. Ni en lo uno ni en lo otro obra la razón. Un impulso ciego le arrebata y una sombra vana le detiene. Todo consiste en saber coger el tiempo a su furia. En ella sigue el vulgo los extremos: o teme o se hace temer. Quien quisiere enfrenarle con una premeditada oración perderá el tiempo. Una voz amorosa o una demostración severa le persuade mejor.

 

Empresa 74

La guerra se ha de emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis

 

Los animales solamente atienden a la conservación de sus individuos. Y, si tal vez ofenden, es en orden a ella, llevados de la ferocidad natural, que no reconoce el imperio de la razón. El hombre, al contrario, altivo con la llama celestial que le anima y hace señor de todos y de todas las cosas, suele persuadirse que no nació para solo vivir, sino para gozarlas fuera de aquellos límites que le prescribe la razón. Y, engañada su imaginación con falsas apariencias de bien, le busca en diversos objetos, constituyendo en ellos su felicidad. Unos hombres piensan que consiste en las riquezas. Y otros, en las delicias. Otros, en dominar a los demás hombres. Y cada uno, en tan varias cosas, como son los errores del apetito y de la fantasía. Y para alcanzarlas y ser felices aplican los medios que les dicta el discurso vago e inquieto, aunque sean injustos. De donde nacen los homicidios, los robos y las tiranías, y el ser el hombre el más injusto de los animales. Con que, no estando seguros unos hombres de otros, se inventaron las armas para repeler la malicia con la fuerza y conservar la inocencia y libertad, y se introdujo en el mundo la guerra. Este nacimiento tuvo, si ya no nació del infierno, después de la soberbia de aquellas primeras luces intelectuales. Tan odiosa es la guerra a Dios, que, con ser David tan justo, no quiso que le edificase el templo, porque había derramado mucha sangre. Los príncipes prudentes y moderados la aborrecen, conociendo la variedad de sus accidentes, sucesos y fines. Con ella se descompone el orden y armonía de la república, la religión se muda, la justicia se perturba, las leyes no se obedecen, la amistad y parentesco se confunden, las artes se olvidan, la cultura se pierde, el comercio se retira, las ciudades se destruyen y los dominios se alteran.

 

Índice

 

Educación del príncipe

 

Empresa 1

Desde la cuna da señas de sí el valor. Hinc labor et virtus

 

Empresa 2

Y puede el arte pintar como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia

 

Empresa 3

Fortaleciendo e ilustrando el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus

 

Empresa 4

Y el ánimo con las ciencias. Non solum armis

 

Empresa 5

Introducidas en él con industria suave. Deleitando enseñan

 

Empresa 6

Y adornadas de erudición. Politioribus ornatur litterae. [Hor il scetro, hor il pletro]

 

Cómo se ha de haber el príncipe en sus acciones

 

Empresa 7

Reconozca las cosas como son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones. Auget et minuit. [Affectibus crescunt, decrescunt]

 

Empresa 8

Ni la ira se apodere de la razón. Prae oculis ira

 

Empresa 9

O le conmueva la envidia, que de sí misma se venga. Sui vindex

 

Empresa 10

Y resulta de la gloria y de la fama. Fama nocet

 

Empresa 11

Sea el príncipe advertido en sus palabras, por quien se conoce el ánimo. Ex pulsu noscitur

 

Empresa 12

Deslumbre con la verdad la mentira. Excaecat candor

 

Empresa 13

Teniendo por cierto que sus defectos serán patentes a la murmuración. Censurae patent

 

Empresa 14

La cual advierte y perfecciona. Detrabit et decorat

 

Empresa 15

Estime más la fama que la vida. Dum luceam, percam

 

Empresa 16

Cotejando sus acciones con las de sus antecesores. Purpura iuxta purpuram

 

Empresa 17

Sin contentarse de los trofeos y glorias heredadas. Alienis spoliis

 

Empresa 18

Reconozca de Dios el cetro. A Deo

 

Empresa 19

Y que ha de restituirle al sucesor. Vicissim traditur

 

Empresa 20

Siendo la Corona un bien falaz. Bonum fallax

 

Empresa 21

Con la ley rija y corrija. Regit et corrigit. [His artibus]

 

Empresa 22

Con la justicia y la clemencia afirme la majestad. Praesidia Maiestatis

 

Empresa 23

Sea el premio precio del valor. Pretium virtutis

 

Empresa 24

Mire siempre al norte de la verdadera religión. Immobilis ad immobile numen

 

Empresa 25

Poniendo en ella la firmeza y seguridad de sus Estados. Hic tutior

 

Empresa 26

Y las esperanzas de sus victorias. In hoc signo

 

Empresa 27

No en la falsa y aparente. Specie religionis

 

Empresa 28

Consúltese con los tiempos pasados, presentes y futuros. Quae sint, quae fuerint, quae mox futura sequantur

 

Empresa 29

Y no con los casos singulares que no vuelven a suceder. Non semper tripodem

 

Empresa 30

Sino con la experiencia de muchos, que fortalecen la sabiduría. Fulcitur experientiis

 

Empresa 31

Ellos le enseñarán a sustentar la Corona con la reputación. Existimatione nixa

 

Empresa 32

A no depender de la opinión vulgar. Ne te quaesiveris extra

 

Empresa 33

A mostrar un mismo semblante en ambas fortunas. Siempre el mismo

 

Empresa 34

A sufrir y esperar. Ferendum et sperandum

 

Empresa 35

A reducir a felicidad las adversidades. Interclusa respirat

 

Empresa 36

A navegar con cualquier viento. In contraria ducet

 

Empresa 37

A elegir de dos peligros el menor. Minimuni eligendum

Cómo se ha de haber el príncipe con los súbditos y extranjeros

 

Empresa 38

Hágase amar y temer de todos. Con halago y con rigor

 

Empresa 39

Siendo ara expuesta a sus ruegos. Omnibus

 

Empresa 40

Pese la liberalidad con el poder. Quae tribuunt, tribuit

 

Empresa 41

Huya de los extremos. Ne quid nimis

 

Empresa 42

Mezclándolos con primor. Omne tulit punctum

 

Empresa 43

Para saber reinar, sepa disimular. Ut sciat regnare

 

Empresa 44

Sin que se descubran los pasos de sus designios. Nec a quo nec ad quem

 

Empresa 45

Y sin asegurarse en fe de la majestad. Non Maiestate securus

 

Empresa 46

Reconozca los engaños de la imaginación. Fallimur opinione

 

Empresa 47

Los que se introducen con especie de virtud. Et iuvisse nocet

 

Empresa 48

O con la adulación y lisonja. Sub luce lues

Cómo se ha de haber el príncipe con sus ministros

 

Empresa 49

Dé a sus ministros prestada la autoridad. Lumine solis

 

Empresa 50

Teniéndolos tan sujetos a sus desdenes como a sus favores. Iovi et fulmini

 

Empresa 51

Siempre con ojos la confianza. Fide et diffide

 

Empresa 52

Porque los malos ministros son más dañosos en los puestos mayores. Más que en la tierra nocivo

 

Empresa 53

En ellos ejercitan su avaricia. Custodiunt, non carpunt

 

Empresa 54

Y quieren más pender de sí mismos que del príncipe. A se pendet

 

Empresa 55

Los consejeros son ojos del cetro. His praevide et provide

 

Empresa 56

Y los secretarios el compás del príncipe. Qui a secretis ab omnibus

 

Empresa 57

Unos y otros sean ruedas del reloj del gobierno, no la mano. Uni reddatur

 

Empresa 58

Entonces hágales muchos honores, sin menoscabar los propios. Sin pérdida de su luz ha de haber el príncipe en el gobierno de sus estados

 

Empresa 59

Para adquirir y conservar, es menester el consejo y el brazo. Col senno e con la mano

 

Empresa 60

Advirtiendo el príncipe que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar

 

Empresa 61

Reconozca sus cuerdas y procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant

 

Empresa 62

Sin que se penetre el artificio de su armonía. Nulli patet

 

Empresa 63

Atienda en las resoluciones a los principios y fines. Consule utrique

 

Empresa 64

Siendo tardo en consultarlas y veloz en ejecutarlas. Resolver y ejecutar

 

Empresa 65

Corrijan los errores, antes que en sí mismos se multipliquen. De un error muchos

 

Empresa 66

Trate de poblar su Estado, y de criar sujetos al magistrado. Ex fascibus fasces

 

Empresa 67

No agrave con tributos los Estados. Poda, no corta

 

Empresa 68

Introduzca el trato y comercio, polos de las Repúblicas. His polis

 

Empresa 69

Haciéndose dueño de la guerra y de la paz con el acero y el oro. Ferro et auro

 

Empresa 70

No divida entre sus hijos los Estados. Dum scinditur, frangor

 

Empresa 71

Todo lo vence el trabajo. Labor omnia vincit

 

Empresa 72

Interpuesto el reposo para renovar las fuerzas. Vires alit

 

Cómo se ha de haber el príncipe en los males internos y externos de sus estados

 

Empresa 73

Las sediciones se vencen con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt

 

Empresa 74

La guerra se ha de emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis

 

Empresa 75

Quien siembra discordias, coge guerras. Bellum colligit qui discordias seminat

 

Empresa 76

La mala intención de los ministros las causa. Llegan de luz y salen de fuego

 

Empresa 77

Y las vistas entre los príncipes. Praesentia nocet

 

Empresa 78

Con pretextos aparentes se disfrazan. Formosa superne

 

Empresa 79

Tales designios se han de vencer. Consilia consiliis frustrantur

 

Empresa 80

Previniendo antes de la ocasión. In arena et ante arenam

 

Empresa 81

Y pensando el valor de las fuerzas. Quid valeant vires

 

Empresa 82

Puesta la gala en las armas. Decus in armis

 

Empresa 83

Porque de su ejercicio pende la conservación de los Estados. Me combaten y defienden

 

Empresa 84

Obre más el consejo que la fuerza. Plura consilio quam vi

 

Empresa 85

Huyendo el príncipe de los consejos medios. Consilia media fugienda

 

Empresa 86

Asista a las guerras de su Estado. Rebus adest

 

Empresa 87

Llevando entendido que florecen las armas, cuando Dios les asiste. Auspice Deo

 

Empresa 88

Que conviene hacer voluntarios sus eternos decretos. Volentes trahimur

 

Empresa 89

Que la concordia lo vence todo. Concordiae cedunt

 

Empresa 90

Que la diversión es el mayor ardid. Disiunctis viribus

 

Empresa 91

Que no se debe fiar de amigos reconciliados. No se suelda

 

Empresa 92

Que suele ser dañosa la protección. Protegen, pero destruyen

 

Empresa 93

Que son peligrosas las confederaciones con herejes. Impia foedera

 

Empresa 94

La tiara pontificia a todos ha de lucir igualmente. Librata refulget

 

Empresa 95

La neutralidad ni da amigos ni gana enemigos. Neutri adhaerendum

Cómo se ha de haber el príncipe en las victorias y tratados de paz

 

Empresa 96

En la victoria esté viva la memoria de la fortuna adversa. Memor adversae. [Citra pulverem, y Vencer y velar]

 

Empresa 97

Procurando el vencedor quedar más fuerte con los despojos. Fortior spoliis

 

Empresa 98

Y haciendo debajo del escudo la paz. Sub clypeo

 

Empresa 99

Cuya dulzura es fruto de la guerra. Merces belli [Hic explicat opes]

Cómo se ha de haber el príncipe en la vejez

 

Empresa 100

Advierte que las últimas acciones son las que coronan su gobierno. Qui legitime

 

Empresa 101

Y pronostican cuál será el sucesor. Futurum indicat

Y que es igual a todos en los ultrajes de la muerte. Ludibria mortis

 


 

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