Educación del príncipe
Empresa 1
Desde la cuna da señas de
sí el valor.
Hinc labor et virtus
Nace el valor, no se
adquiere. Calidad intrínseca es del alma, que se infunde con ella y obra luego.
Aun el seno materno fue campo de batalla a dos hermanos valerosos. El más
atrevido, si no pudo adelantar el cuerpo, rompió brioso las ligaduras, y
adelantó el brazo, pensando ganar el mayorazgo. En la cuna se ejercita un
espíritu grande. La suya coronó Hércules con la victoria de las culebras
despedazadas. Desde allí le reconoció la envidia, y obedeció a su virtud la
fortuna. Un corazón generoso en las primeras acciones de la naturaleza y del
caso descubre su bizarría.
Empresa 2
Y
puede el arte pintar como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia
Esta
buena educación es más necesaria en los príncipes que en los demás, porque son
instrumentos de la felicidad política y de la salud pública. En los demás es
perjudicial a cada uno o a pocos la mala educación. En el príncipe, a él y a
todos, porque a unos ofende con ella, y a otros con su ejemplo. Con la buena
educación es el hombre una criatura celestial y divina, y sin ella el más feroz
de todos los animales. ¿Qué será, pues, un príncipe mal educado, y armado con
el poder? Los otros daños de la república suelen durar poco. Este lo que dura
la vida del príncipe. Reconociendo esta importancia de la buena educación,
Filipo, rey de Macedonia, escribió a Aristóteles (luego que le nació Alejandro)
que no daba menos gracias a los dioses por el hijo nacido, cuanto por ser en tiempo
que pudiese tener tal maestro.
Empresa 3
Fortaleciendo e ilustrando
el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus
Con
la asistencia de una mano delicada, solícita en los regalos del riego y en los
reparos de las ofensas del sol y del viento, crece la rosa, y, suelto el nudo
del botón, extiende por el aire la pompa de sus hojas. Hermosa flor, reina de
las demás. Pero solamente lisonja de los ojos y tan achacosa, que peligra en su
delicadez. El mismo sol que la vio nacer, la ve morir, sin más fruto que la
ostentación de su belleza, dejando burlada la fatiga de muchos meses, y aun
lastimada tal vez la misma mano que la crió, porque tan lasciva cultura no
podía dejar de producir espinas. No sucede así al coral, nacido entre los
trabajos, que tales son las aguas, y combatido de las olas y tempestades,
porque en ellas hace más robusta su hermosura, la cual, endurecida después con
el viento, queda a prueba de los elementos para ilustres y preciosos usos del
hombre. Tales efectos, contrarios entre sí, nacen del nacimiento y crecimiento
de este árbol y de aquella flor, por lo mórbido o duro en que se criaron. Y
tales se ven en la educación de los príncipes, los cuales, si se crían entre
los armiños y las delicias, que ni los visite el sol ni el viento, ni sientan
otra aura que la de los perfumes, salen achacosos e inútiles para el gobierno,
como al contrario robusto y hábil quien se entrega a las fatigas y trabajos.
Empresa 4
Y el ánimo con las
ciencias. Non solum armis
Para mandar es menester
ciencia; para obedecer basta una discreción natural y a veces la ignorancia
sola. En la planta de un edificio trabaja el ingenio. En la fábrica, la mano.
El mando es estudioso Y perspicaz. La obediencia, casi siempre ruda y ciega.
Por naturaleza manda el que tiene mayor inteligencia. El otro, por sucesión,
por elección o por la fuerza, en que tiene más parte el caso que la razón. Y
así, se deben contar las ciencias entre los instrumentos políticos de reinar. A
Justiniano le pareció que no solamente con armas, sino también con leyes había
de estar ilustrada la majestad imperial, para saberse gobernar en la guerra y
en la paz.
Cómo se ha de haber el príncipe en sus
acciones
Empresa 7
Reconozca las cosas como
son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones.
Auget et minuit.
[Affectibus crescunt, decrescunt]
Nacen
con nosotros los afectos, y la razón llega después de muchos años, cuando ya
los halla apoderados de la voluntad, que los reconoce por señores, llevada de
una falsa apariencia de bien, hasta que la razón, cobrando fuerzas con el
tiempo y la experiencia, reconoce su imperio, y se opone a la tiranía de
nuestras inclinaciones y apetitos. En los príncipes tarda más este
reconocimiento, porque con las delicias de los palacios son más robustos los
afectos. Y, como las personas que les asisten aspiran al valimiento, y casi
siempre entra la gracia por la voluntad, y no por la razón, todos se aplican a
lisonjear y poner acechanzas a aquélla y deslumbrar a ésta. Conozca, pues, el
príncipe estas artes, ármese contra sus afectos y contra los que se valen de
ellas para gobernarle.
Empresa 8
Ni la ira se apodere de la
razón. Prae oculis ira
Considerada
anduvo la naturaleza con el unicornio. Entre los ojos le puso las armas de la
ira. Bien es menester que se mire a dos luces esta pasión tan tirana de las
acciones, tan señora de los movimientos del ánimo. Con la misma llama que
levanta, se deslumbra. El tiempo solamente la diferencia de la locura. En la
ira no es un hombre el mismo que antes, porque con ella sale de sí. No la ha
menester la fortaleza para obrar, porque ésta es constante, aquélla varia; ésta
sana, y aquélla enferma. No se vencen las batallas con la liviandad y ligereza
de la ira. Ni es fortaleza la que se mueve sin razón. Ninguna enfermedad del
ánimo más contra el decoro del príncipe que ésta, porque el airarse supone
desacato u ofensa recibida; ninguna más opuesta a su oficio, porque ninguna
turba más la serenidad del juicio, que tan claro le ha menester el que manda.
El príncipe que se deja llevar de la ira, pone en la mano de quien le irrita
las llaves de su corazón, y le da potestad sobre sí mismo. Si tuviera por
ofensa que otro le descompusiese el manto real, tenga por reputación que
ninguno le descomponga el ánimo. Fácilmente le descubrirían sus designios y prenderían
su voluntad las acechanzas de un enojo.
Empresa 9
O le conmueva la envidia,
que de sí misma se venga. Sui vindex
Con
propio daño se atreve la envidia a las glorias y trofeos de Hércules.
Sangrienta queda su boca cuando pone los dientes en las puntas de su clava. De
sí misma se venga. Parecida es al hierro, que con la sangre que vierte se cubre
de robín y se consume. Todos los vicios nacen de alguna apariencia de bien o
delectación. Este, de un íntimo tormento y rencor del bien ajeno. A los demás
les llega después el castigo. A éste, antes. Primero se ceba la envidia en las
entrañas propias que en el honor del vecino. Sombra es de la virtud. Huya su
luz quien la quisiere evitar. El sacar a los rayos del sol sus ojos el búho
causa emulación y envidia a las demás aves. No le persiguieran, si se encerrara
en el olvido y sombras de la noche. Con la igualdad no hay competencia. En
creciendo la fortuna de uno, crece la envidia del otro. Semejante es a la
cizaña que no acomete a las mieses bajas, sino a las altas cuando llevan fruto.
Y así, desconózcase a la fama, a las dignidades y a los oficios el que se
quisiere desconocer a la envidia. En la fortuna mediana son menores los
peligros.
Cómo se ha de haber el príncipe en el gobierno de sus estados
Empresa 60
Advirtiendo el príncipe
que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar
La
saeta impelida del arco, o sube o baja, sin suspenderse en el aire, semejante
al tiempo presente, tan imperceptible, que se puede dudar si antes dejó de ser
que llegase; como los ángulos en el círculo, que pasa el agudo a ser obtuso sin
tocar en el recto. El primer punto de la consistencia de la saeta lo es de su
declinación. Lo que más sube, más cerca está de su caída. En llegando las cosas
a su último estado, han de volver a bajar sin detenerse. En los cuerpos humanos
lo notó Hipócrates, los cuales, en no pudiendo mejorarse, no pueden subsistir,
y es fuerza que empeoren. Ninguna cosa permanente en la Naturaleza. Esas causas
segundas de los cielos nunca paran, y así tampoco los efectos que imprimen en
las cosas, a que Sócrates atribuyó las mudanzas de las repúblicas. No son las
monarquías diferentes de los vivientes o vegetables. Nacen, viven y mueren como
ellos, sin edad firme de consistencia. Y así, son naturales sus caídas. En no
creciendo, descrecen. Nada interviene en la declinación de la mayor fortuna. El
detenerla en empezando a caer es casi imposible. Más dificultoso es a la
majestad de los reyes bajar del sumo grado al medio, que caer del medio al
ínfimo. Pero no suben y caen con iguales pasos las monarquías, porque las
mismas partes con que crecieron les son después de peso, el cual con mayor
inclinación y velocidad baja, apeteciendo el sosiego del centro. En doce años
levantó Alejandro su monarquía, y cayó en pocos, dividida en cuatro señoríos, y
después en diversos.
Empresa 61
Reconozca sus cuerdas y
procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant
Forma
el arpa una perfecta aristocracia, compuesta del gobierno monárquico y
democrático. Preside un entendimiento, gobiernan muchos dedos, y obedece un
pueblo de cuerdas, todas templadas y todas conformes en la consonancia, no
particular, sino común y pública, sin que las mayores discrepen de las menores.
Semejante a la arpa es una república, en quien mel largo uso y experiencia
dispuso los que habían de gobernar y obedecer, estableció las leyes, constituyó
los magistrados, distinguió los oficios, señaló los estilos y perfeccionó en
cada una de las naciones el orden de república más conforme y conveniente a la
naturaleza de ellas. De donde resulta que con peligro se alteran estas
disposiciones antiguas. Ya está formada en todas partes la arpa de los reinos y
repúblicas, y colocadas en su lugar las cuerdas. Y, aunque parezca que alguna
estaría mejor mudada, se ha de tener más fe de la prudencia y consideración de
los predecesores, enseñados del largo uso y experiencia; porque los estilos del
gobierno, aunque tengan inconvenientes, con menos daño se toleran que se
renuevan. El príncipe prudente temple las cuerdas, así como están. Y no las
mude, si ya el tiempo y los accidentes no las descompusieren tanto, que
desdigan del fin con que fueron constituidas, como decimos en otra parte. Por
lo cual es conveniente que el príncipe tenga muy conocida esta arpa del reino,
la majestad que resulta dél, y la naturaleza, condición e ingenio del pueblo y
del palacio, que son sus principales cuerdas, porque, como dice el rey don
Alonso el Sabio en una ley de las Partidas: «Saber conozer los omes, es una de
las cosas de que el rey más se debe trabajar; ca pues que con ellos ha de fazer
todos sus fechos, menester es que los conozca bien». En esto consisten las
principales artes de reinar.
Cómo se ha de haber el príncipe en los males internos y externos
de sus estados
Empresa 73
Las sediciones se vencen
con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt
Ocultas
son las enfermedades de las repúblicas. No hay juzgarlas por su buena
disposición, porque lasque parecen más robustas suelen enfermar y morir de
repente, descubierta su enfermedad cuando menos se pensaba; bien así como los
vapores de la tierra, los cuales no se ven hasta que de ellos están formadas
las nubes. Por esto conviene mucho la atención del príncipe para curarlas en
sus principios, no despreciando las causas por ligeras o remotas, ni los
avisos, aunque más parezcan opuestos a la razón. ¿Quién podrá asegurarse de lo
que tiene en su pecho la multitud? Cualquier accidente le conmueve, y cualquier
sombra de servidumbre o mal gobierno le induce a tomar las armas y maquinar
contra su príncipe. Nacen las sediciones de causas pequeñas y después se
contiende por las mayores. Si se permiten los principios, no se pueden remediar
los fines. Crecen los tumultos como los ríos. Primero son pequeños manantiales,
después caudalosas corrientes. Por no mostrar flaqueza los suele dejar correr
la imprudencia, y a poco trecho no los puede resistir la fuerza. Al empezar, o
cobran miedo o atrevimiento. Estas consideraciones tuvieron suspenso a Tiberio
cuando un esclavo se fingió Agripa, y empezó a solevar el imperio, dudando si
le castigaría o dejaría que aquella ligera credulidad se desvaneciese con el
mismo tiempo. Ya le parecía que nada se había de despreciar, ya que no todo se
había de temer, y estaba suspenso entre la vergüenza y el miedo. Pero, al fin,
se resolvió al remedio. Verdad es que algunas veces es tal el raudal de la
multitud, que conviene aguardar a que en sí mismo se quiebre y resuelva,
principalmente en las guerras civiles, cuyos principios rige el caso, y después
los vence el consejo y la prudencia. La experiencia enseña muchos medios para
sosegar las alteraciones y disensiones de los reinos. El caso también los
ofrece, y la misma inclinación del tumulto los enseña, como sucedió a Druso
cuando, viendo a las legiones arrepentidas de su motín, por haber tenido a mal
agüero un eclipse de la luna que se ofreció entonces, se valió dél para
quietarlas, como hizo en otra ocasión Hernán Cortés. No se desechen estos
medios por leves, porque el pueblo con la misma ligereza que se alborota, se
aquieta. Ni en lo uno ni en lo otro obra la razón. Un impulso ciego le arrebata
y una sombra vana le detiene. Todo consiste en saber coger el tiempo a su
furia. En ella sigue el vulgo los extremos: o teme o se hace temer. Quien
quisiere enfrenarle con una premeditada oración perderá el tiempo. Una voz
amorosa o una demostración severa le persuade mejor.
Empresa 74
La guerra se ha de
emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis
Los
animales solamente atienden a la conservación de sus individuos. Y, si tal vez
ofenden, es en orden a ella, llevados de la ferocidad natural, que no reconoce
el imperio de la razón. El hombre, al contrario, altivo con la llama celestial
que le anima y hace señor de todos y de todas las cosas, suele persuadirse que
no nació para solo vivir, sino para gozarlas fuera de aquellos límites que le
prescribe la razón. Y, engañada su imaginación con falsas apariencias de bien,
le busca en diversos objetos, constituyendo en ellos su felicidad. Unos hombres
piensan que consiste en las riquezas. Y otros, en las delicias. Otros, en
dominar a los demás hombres. Y cada uno, en tan varias cosas, como son los
errores del apetito y de la fantasía. Y para alcanzarlas y ser felices aplican
los medios que les dicta el discurso vago e inquieto, aunque sean injustos. De
donde nacen los homicidios, los robos y las tiranías, y el ser el hombre el más
injusto de los animales. Con que, no estando seguros unos hombres de otros, se
inventaron las armas para repeler la malicia con la fuerza y conservar la
inocencia y libertad, y se introdujo en el mundo la guerra. Este nacimiento
tuvo, si ya no nació del infierno, después de la soberbia de aquellas primeras
luces intelectuales. Tan odiosa es la guerra a Dios, que, con ser David tan
justo, no quiso que le edificase el templo, porque había derramado mucha
sangre. Los príncipes prudentes y moderados la aborrecen, conociendo la
variedad de sus accidentes, sucesos y fines. Con ella se descompone el orden y
armonía de la república, la religión se muda, la justicia se perturba, las
leyes no se obedecen, la amistad y parentesco se confunden, las artes se
olvidan, la cultura se pierde, el comercio se retira, las ciudades se destruyen
y los dominios se alteran.
Índice
Educación del
príncipe
Empresa 1
Desde la cuna da señas de
sí el valor.
Hinc labor et virtus
Empresa 2
Y puede el arte pintar
como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia
Empresa 3
Fortaleciendo e ilustrando
el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus
Empresa 4
Y el ánimo con las
ciencias. Non solum armis
Empresa 5
Introducidas en él con
industria suave. Deleitando enseñan
Empresa 6
Y adornadas de erudición.
Politioribus
ornatur litterae. [Hor il scetro, hor
il pletro]
Cómo se ha de haber
el príncipe en sus acciones
Empresa 7
Reconozca las cosas como
son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones.
Auget et minuit.
[Affectibus crescunt, decrescunt]
Empresa 8
Ni la ira se apodere de la
razón. Prae oculis ira
Empresa 9
O le conmueva la envidia,
que de sí misma se venga. Sui vindex
Empresa 10
Y resulta de la gloria y
de la fama. Fama nocet
Empresa 11
Sea el príncipe advertido
en sus palabras, por quien se conoce el ánimo. Ex pulsu noscitur
Empresa 12
Deslumbre con la verdad la
mentira. Excaecat candor
Empresa 13
Teniendo por cierto que
sus defectos serán patentes a la murmuración. Censurae patent
Empresa 14
La cual advierte y
perfecciona. Detrabit et decorat
Empresa 15
Estime más la fama que la
vida. Dum luceam, percam
Empresa 16
Cotejando sus acciones con
las de sus antecesores. Purpura iuxta purpuram
Empresa 17
Sin contentarse de los
trofeos y glorias heredadas. Alienis spoliis
Empresa 18
Reconozca de Dios el
cetro. A Deo
Empresa 19
Y que ha de restituirle al
sucesor. Vicissim traditur
Empresa 20
Siendo la Corona un bien
falaz. Bonum fallax
Empresa 21
Con la ley rija y corrija.
Regit
et corrigit. [His artibus]
Empresa 22
Con la justicia y la
clemencia afirme la majestad. Praesidia Maiestatis
Empresa 23
Sea el premio precio del
valor. Pretium virtutis
Empresa 24
Mire siempre al norte de
la verdadera religión.
Immobilis ad immobile numen
Empresa 25
Poniendo en ella la
firmeza y seguridad de sus Estados. Hic tutior
Empresa 26
Y las esperanzas de sus victorias.
In hoc signo
Empresa 27
No en la falsa y aparente.
Specie religionis
Empresa 28
Consúltese con los tiempos
pasados, presentes y futuros. Quae sint, quae fuerint, quae mox futura
sequantur
Empresa 29
Y no con los casos
singulares que no vuelven a suceder. Non semper tripodem
Empresa 30
Sino con la experiencia de
muchos, que fortalecen la sabiduría. Fulcitur experientiis
Empresa 31
Ellos le enseñarán a
sustentar la Corona con la reputación. Existimatione nixa
Empresa 32
A no depender de la
opinión vulgar.
Ne te quaesiveris extra
Empresa 33
A mostrar un mismo
semblante en ambas fortunas. Siempre el mismo
Empresa 34
A sufrir y esperar.
Ferendum et sperandum
Empresa 35
A reducir a felicidad las
adversidades. Interclusa respirat
Empresa 36
A navegar con cualquier
viento. In contraria ducet
Empresa 37
A elegir de dos peligros
el menor. Minimuni eligendum
Cómo se ha de haber el
príncipe con los súbditos y extranjeros
Empresa 38
Hágase amar y temer de
todos. Con halago y con rigor
Empresa 39
Siendo ara expuesta a sus
ruegos. Omnibus
Empresa 40
Pese la liberalidad con el
poder. Quae tribuunt, tribuit
Empresa 41
Huya de los extremos. Ne
quid nimis
Empresa 42
Mezclándolos con primor.
Omne tulit punctum
Empresa 43
Para saber reinar, sepa
disimular.
Ut sciat regnare
Empresa 44
Sin que se descubran los
pasos de sus designios. Nec a quo nec ad quem
Empresa 45
Y sin asegurarse en fe de
la majestad. Non Maiestate securus
Empresa 46
Reconozca los engaños de
la imaginación. Fallimur opinione
Empresa 47
Los que se introducen con
especie de virtud. Et iuvisse nocet
Empresa 48
O con la adulación y
lisonja. Sub luce lues
Cómo se ha de haber el
príncipe con sus ministros
Empresa 49
Dé a sus ministros
prestada la autoridad. Lumine solis
Empresa 50
Teniéndolos tan sujetos a
sus desdenes como a sus favores. Iovi et fulmini
Empresa 51
Siempre con ojos la
confianza. Fide et diffide
Empresa 52
Porque los malos ministros
son más dañosos en los puestos mayores. Más que en la tierra nocivo
Empresa 53
En ellos ejercitan su
avaricia.
Custodiunt, non carpunt
Empresa 54
Y quieren más pender de sí
mismos que del príncipe. A se pendet
Empresa 55
Los consejeros son ojos
del cetro.
His praevide et provide
Empresa 56
Y los secretarios el compás
del príncipe. Qui a secretis ab omnibus
Empresa 57
Unos y otros sean ruedas
del reloj del gobierno, no la mano. Uni reddatur
Empresa 58
Entonces hágales muchos
honores, sin menoscabar los propios. Sin pérdida de su luz ha de haber el príncipe
en el gobierno de sus estados
Empresa 59
Para adquirir y conservar,
es menester el consejo y el brazo. Col senno e con la mano
Empresa 60
Advirtiendo el príncipe
que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar
Empresa 61
Reconozca sus cuerdas y
procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant
Empresa 62
Sin que se penetre el
artificio de su armonía. Nulli patet
Empresa 63
Atienda en las
resoluciones a los principios y fines. Consule utrique
Empresa 64
Siendo tardo en
consultarlas y veloz en ejecutarlas. Resolver y ejecutar
Empresa 65
Corrijan los errores,
antes que en sí mismos se multipliquen. De un error muchos
Empresa 66
Trate de poblar su Estado,
y de criar sujetos al magistrado. Ex fascibus fasces
Empresa 67
No agrave con tributos los
Estados. Poda, no corta
Empresa 68
Introduzca el trato y
comercio, polos de las Repúblicas. His polis
Empresa 69
Haciéndose dueño de la
guerra y de la paz con el acero y el oro. Ferro et auro
Empresa 70
No divida entre sus hijos
los Estados. Dum scinditur, frangor
Empresa 71
Todo lo vence el trabajo.
Labor omnia vincit
Empresa 72
Interpuesto el reposo para
renovar las fuerzas. Vires alit
Cómo se ha de
haber el príncipe en los males internos y externos de sus estados
Empresa 73
Las sediciones se vencen
con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt
Empresa 74
La guerra se ha de
emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis
Empresa 75
Quien siembra discordias,
coge guerras.
Bellum colligit qui discordias seminat
Empresa 76
La mala intención de los
ministros las causa. Llegan de luz y salen de fuego
Empresa 77
Y las vistas entre los
príncipes. Praesentia nocet
Empresa 78
Con pretextos aparentes se
disfrazan. Formosa superne
Empresa 79
Tales designios se han de
vencer. Consilia consiliis frustrantur
Empresa 80
Previniendo antes de la
ocasión. In arena et ante arenam
Empresa 81
Y pensando el valor de las
fuerzas. Quid valeant vires
Empresa 82
Puesta la gala en las
armas. Decus in armis
Empresa 83
Porque de su ejercicio
pende la conservación de los Estados. Me combaten y defienden
Empresa 84
Obre más el consejo que la
fuerza. Plura consilio quam vi
Empresa 85
Huyendo el príncipe de los
consejos medios. Consilia media fugienda
Empresa 86
Asista a las guerras de su
Estado. Rebus adest
Empresa 87
Llevando entendido que
florecen las armas, cuando Dios les asiste. Auspice Deo
Empresa 88
Que conviene hacer
voluntarios sus eternos decretos. Volentes trahimur
Empresa 89
Que la concordia lo vence
todo. Concordiae cedunt
Empresa 90
Que la diversión es el
mayor ardid. Disiunctis viribus
Empresa 91
Que no se debe fiar de
amigos reconciliados. No se suelda
Empresa 92
Que suele ser dañosa la
protección. Protegen, pero destruyen
Empresa 93
Que son peligrosas las
confederaciones con herejes. Impia foedera
Empresa 94
La tiara pontificia a
todos ha de lucir igualmente. Librata refulget
Empresa 95
La neutralidad ni da
amigos ni gana enemigos. Neutri adhaerendum
Cómo se ha de haber el príncipe
en las victorias y tratados de paz
Empresa 96
En la victoria esté viva
la memoria de la fortuna adversa. Memor adversae. [Citra pulverem, y Vencer y
velar]
Empresa 97
Procurando el vencedor
quedar más fuerte con los despojos. Fortior spoliis
Empresa 98
Y haciendo debajo del
escudo la paz. Sub clypeo
Empresa 99
Cuya dulzura es fruto de
la guerra.
Merces belli [Hic explicat opes]
Cómo se ha de haber el
príncipe en la vejez
Empresa 100
Advierte que las últimas
acciones son las que coronan su gobierno. Qui legitime
Empresa 101
Y pronostican cuál será el
sucesor. Futurum indicat
Y
que es igual a todos en los ultrajes de la muerte. Ludibria mortis
