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Cómo
conocer a las personas por su lenguaje corporal
Leonardo Ferrari
"Mas allá de las
palabras, el cuerpo no miente".
¿No sería fantástico
leer los
pensamientos de los demás e influir en ellos? El lenguaje corporal delata
completamente tus sentimientos o percepción acerca de la persona con la que está
interactuando. Ahora puedes conocer los secretos de este lenguaje silencioso y
que nunca miente.
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En contraste con la unión simbiótica, el amor
maduro significa unión a condición de presentar la propia
integridad, la propia individualidad. El amor es un poder activo en
el hombre; un poder que atraviesa las barreras que separan al
hombre de sus semejantes y lo une a los demás; el amor lo capacita para superar
su sentimiento de aislamiento y separatividad. En el amor se da la paradoja de
dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.
El amor es la preocupación activa por la vida y el
crecimiento de lo que amamos.
Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es
"trabajar" por algo y "hacer crecer" El amor y el trabajo
son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que
se ama.
El cuidado y la preocupación implican otro aspecto
del amor: el de la responsabilidad. Hoy en día suele usarse ese
término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la
responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario,
constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano.
Ser "responsable" significa estar listo y dispuesto a
"responder". Jonás no se sentía responsable ante los habitantes de
Nínive. El, como Caín, podía preguntar: ¿Soy yo el guardián de mi hermano?. La
persona que ama responde, La vida de su hermano no es solo asunto de su
hermano, sino propio. Siéntese tan responsable por sus semejantes como por si
mismo. Tal responsabilidad, en el caso de la madre y su hijo, atañe
principalmente al cuidado de las necesidades físicas. En el amor entre adultos,
a las necesidades síquicas de la otra persona.

Dale Carnegie se dio
cuenta que se ignoraba cómo se podía persuadir a las personas.
En este libro basado en su propia experiencia y la de muchas mas
personas, se recogen unas sencillas reglas que de observarse
pueden cambiar sustancialmente su vida. Gran éxito de ventas en
su día, tras un paréntesis en el olvido, vuelve a estar
rabiosamente de actualidad. De hecho, gran parte del marketing
moderno se basa en sus ideas.
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La responsabilidad podría degenerar fácilmente en
dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto.
Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz
de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal
cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa
preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese
modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona
amada crezca y se desarrolle por si misma, en la forma que les es propia, y no
para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella
tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es obvio
que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si
puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar o explotar a nadie. El respeto
sólo existe sobre la base de la libertad: "l´amour est l’enfant de la
liberté", dice una vieja canción francesa; el amor es hijo de la libertad,
nunca de la dominación.
Respetar a una persona sin conocerla, no es
posible; el cuidado y la
responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. Hay muchos
niveles de conocimiento; el que constituye un aspecto del amor no se detiene en
la periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo
trascender la preocupación por mi mismo y ver a al otra persona en sus propios
términos. Pero el conocimiento tiene otra relación, más fundamental, con el
problema del amor. La necesidad básica de fundirse con otra persona para
trascender de ese modo la prisión de la propia separatividad se vincula, de
modo íntimo, con otro deseo específicamente humano, el de conocer el
"secreto del hombre". Si bien la vida en sus aspectos meramente
biológicos es un milagro y un secreto, el hombre, en sus aspectos humanos, es
un impenetrable secreto para sí mismo –y para sus semejantes-. Nos conocemos y,
a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos.
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