La estupidez humana
-RESUMEN DEL LIBRO "ALLEGRO
MA NON TROPPO"-
Carlo
M. Cipolla
“Tengo la firme convicción, avalada por años
de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que
algunos son estúpidos y otros no lo son.” Carlo Cipolla
Ante
todo, sea bienvenido a esta página.
Todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.
Los Incautos: Podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó
una acción (es decisivo que sea él quién la inicie), cuyo resultado fue una
pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con
un incauto.
Los Inteligentes: Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un
individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se
trataba de una persona inteligente.
Una
persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede
también alguna vez adoptar una actitud malvada. Pero, puesto que la persona en
cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones
tendrán la característica de la inteligencia.
En
determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras
circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única
excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que,
normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier
campo de actuación.
Los Malvados: Todos nosotros recordamos ocasiones en que,
desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una
ganancia causándonos perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado.
Existen
diversos tipos de malvados; el malvado perfecto es aquél que con sus acciones
causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias. Otro tipo de malvados son
aquellos que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan
en los demás, esos son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero
la mayoría de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan
beneficios inferiores a las pérdidas ocasionadas a los demás. Este individuo se
situará muy cerca del límite de la estupidez pura.
Los Estúpidos: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos
pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por
culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los
momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños,
frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con
sus acciones.
Nadie
sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace.
En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la
persona en cuestión es estúpida.
La
mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas,
en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a
otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o
negativo. Pero aún hay más. Existen personas que con sus inverosímiles acciones,
no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismos. Estas personas
pertenecen al género de los superestúpidos.
Como
ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre
otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan
normalmente perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños
terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras.
La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos
factores principales: del factor genético y del grado de poder o autoridad que
ocupa en la sociedad.
Nos
queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a
una persona estúpida; en otras palabras en qué consiste el poder de la
estupidez.
Esencialmente,
los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les
resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.
Una
persona inteligente puede entender la lógica del malvado. Las acciones de un
malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere,
pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un "más"
a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar
métodos con que obtener un "más" para sí, procurando también al mismo
tiempo un "más" para los demás, deberá obtener su "más"
causando un "menos" a su prójimo.
Desde
luego, esto no es justo, pero es racional, y si es racional uno puede preverlo.
Con
una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Una criatura
estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y
lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de
prever si, cuándo, cómo, y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su
ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.
Puesto
que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la
racionalidad, de ello se deriva que generalmente el ataque nos coge por
sorpresa incluso cuando se tiene conocimiento del ataque no es posible
organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo carece de cualquier
tipo de estructura racional.
El
hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean
absolutamente erráticos e irracionales no sólo hace problemática la defensa,
sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Hay que tener en
cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es
inteligente. El malvado es consciente de que es malvado. El incauto está
penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario de todos
estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye
poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción
devastadora.
Con
la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el
estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu
paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen
humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y
sin razón. Estúpidamente.
No
hay que asombrarse de que las personas incautas, generalmente no reconozcan la
peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una
manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente
sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen
muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez.
Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez.
Sería
un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad
en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el
mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en
el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad
se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.
Un
pais en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos
inteligentes que procuran tener controlada a la fracción de los estúpidos, y
que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de
la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.
En
un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo
igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre
los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados
con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder,
un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.
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